viernes, febrero 17, 2012




1

Así llegan las fotografías
primero ella   dientes magníficos
luego él   un poco calvo  un poco alegre
sostiene en la mano un trago de licor indefinible

Cada tanto
un fotografía nueva
como algo borroso que nos pasa de largo
Un hombre o mujer diferentes
Ayúdanos a encontrarlos
escribe alguien sin rostro
en los correos electrónicos
o en las paredes de juzgados

Leemos historias
dónde se les vio
a las afueras de un bar
salieron a comprar víveres   dicen
estaban de vacaciones
y de pronto nadie contestó el teléfono

Cuando por fin nos detenemos a observar
buscamos en la profundidad de sus ojos
una señal
algo de tristeza
o premonición

2

En este siglo
las huellas de los ausentes son largas
Nos quedan las fotografías ingenuas
y los zapatos que no llevaban puestos

Prodigadas con la despreocupación del inmortal
quedan un sinnúmero de anécdotas y cartas
Las calles donde vivieron   el nombre de sus compañeros de trabajo
la identidad de los amantes   los viajes
el lugar donde ese día bebieron cerveza en mal estado

Fantasmas que sobrevivirán a nosotros
a los criminales
al tiempo de los hombres

3
Por desgracia
esta mañana del 20 del septiembre
han sido encontrados muertos
Apreciamos su valiosa ayuda
ahora su familia puede descansar tranquila
sabiendo que se encuentran
en el regazo del Señor

¿Por qué sonríen
qué miran cuando miran hacia la cámara
hacia nosotros que les observamos a través del tiempo?
¿Ven la sombra ominosa tras de uno mismo
erguida y dispuesta a devorarnos?


lunes, febrero 06, 2012


Good Grief, Prismal!






Salvar el mundo, pagar la renta, salir con mi chica, salvar a la tía May de su sexto infarto. Al parecer tengo todo cubierto. Pero no, al llegar a la redacción una voz cavernosa y fúrica salé de la oficina del director.
-¡Sánchez! ¿Donde está ese bueno para nada? ¡Lo quiero en mi oficina ahora mismo!
Es nada más y nada menos que la voz de Prismal, mi editor. Con un puro a medio quemar, los ojos inyectados en sangre, comienza a maltratarme psicológicamente.
-¿Dónde está ese articulo sobre Charlie Brown, maldita sea?
-Prismal, yo... yo... -aun no me recupero del ajetreado día y no alcanzo a articular excusas coherentes. Lo había olvidado por completo.
-Tranquilo, Prismal. Es joven. -quien así intenta defenderme es E. Rocha, el bonachón jefe de redacción quien, por alguna razón (?), siempre se encuentra en su oficina.
-Al carajo Sánchez, cuando tenía tu edad yo ya había fundado un periódico y sacado adelante a mi familia, no vuelvas a pararte por aquí hasta que no traigas el articulo sobre Brown. Y olvidate de tu paga.
Así que, sin cobrar mi cheque, salgo a la calle en medio de la lluvia. El día melancólico y oscuro se cierne sobre la ciudad como una mala premonición. ¿Charlie Brown? ¿Peanuts? ¿Qué puedo decir, sin temor a cometer un error, de la tira cómica más famosa de todos los tiempos? 

martes, enero 03, 2012


Este vaso en la mesa
ha contenido el aliento de toda la familia y algún que otro extraño.
Huellas de la humanidad tan sutiles
que no las lavan el cloro, el tiempo o la derrota.
Esta mano que sostiene el vaso
sostuvo en su momento muchas otras manos,
pero a veces, tiemblan de miedo y de frío.


1
Amanecer deslavado como leche de yegua,
un sol mecánico por la ventana.
Los perros cantan afuera la opereta del camión de la basura.
Esta casa huele como la casa de un hombre solo.

2
Hay un parque a un par de cuadras de aquí,
allí crecen hongos, pinos, cadáveres de niños perdidos.
Con mi cigarro, sentado en la banqueta, lanzo señales de humo
para que el ojo de Dios recuerde mi presencia en la tierra.

sábado, diciembre 17, 2011

Metrópolis


Esta escena de Metrópolis siempre me había parecido desproporcionada, una alegoría demasiado fácil del capitalismo. En ella, un obrero cambia manualmente la hora del reloj, una y otra vez sin descanso. El futuro podía inventar autómatas, estoy seguro que podía inventar mecanismos para que esto sucediera por si mismo. De hecho, ya existían 100 años antes de que la película se rodara. ¿Entonces?

Fue hasta que pasé por Santa Fe el otro día. Un hombre limpiaba por fuera las ventanas del piso 16 o 17 de un edificio de 30 pisos. Un andamio frágil y hechizo era su única seguridad y a mi me daba vértigo sólo de verlo. Era igual absurdo que en metrópolis, y dependía de los mismos factores: la frívola vanidad del contratante y la espantosa necesidad del contratado.

Así es el capitalismo, niños.

lunes, diciembre 05, 2011

Nota al pie de pagina a una viñeta de The Watchmen




Sucede con muchas cosas de todo tipo, que las partes que las componen no son tan buenas como el todo del que forman parte.


http://desdelglobo.blogspot.com/

jueves, diciembre 01, 2011

Dormimos entre la tormenta que fue

y la tormenta que vendrá.

Sueños desdentados y amables

donde pájaros cargan en los picos ramas olorosas

y se posan en los hombros de muchachas.


Dormimos entre la tormenta que fue

y la tormenta que vendrá.

Se cocina el caldo diario,

se deposita un poco de pan duro

en la boca de nuestros poderosos muertos.


El olor de la humedad nos despierta en el pecho

un miedo antiguo y dulce.

martes, noviembre 22, 2011

Sobre el arte-


¿Los cómics, pueden ser considerados un arte al nivel de la literatura, por ejemplo?


Un ensayito mio en Desde el globo

http://desdelglobo.blogspot.com/2011/11/sobre-el-arte.html

viernes, noviembre 18, 2011

El buen fin

No se qué es más triste:

-la falta de imaginación general
-la cursilería de nuestros mercadólogos al escoger el nombre más inofensivo que encontraron
-la ingenuidad del que se dice nuestro presidente al creer que esto reactivará la economía
-la avaricia de nuestros empresarios, incapaces moralmente de cumplir lo prometido
-la pendejez de la gente

jueves, noviembre 17, 2011

Hemingway inédito
Raúl Aníbal Sánchez

ADVERTENCIA:
Mi intención al recopilar estos fragmentos -casi todos ellos ocultos al público durante muchos años- ha sido mostrar la manera erótica, vital, pendenciera y trashumante en que Hemingway concebía la literatura y el oficio de escribir. Por razones de derechos -los herederos están zafados si creen que les voy a donar otro riñón- no hemos podido traducir las cartas enteras y hemos tenido que conformarnos con ofrecerles solo estos fragmentos, a veces simplemente una línea. Los propietarios de los derechos han pensado -y tienen razón- que hay ciertas cosas en la vida de un hombre que es mejor no saber (como las cartas dirigidas a Mary Walsh en las que le confiesa su amor “viril” por un torero llamado Juanito) y hemos querido respetar ese deseo. Donde quiera que esté sabemos que el viejo Hem sabrá apreciar que guardemos sus secretos. RAS

http://hermanocerdo.com/2011/11/e-h-confidential/

lunes, noviembre 14, 2011

La medicina magnética, del ungüento armario al polvo simpático de Kenelm Digby. Carlos Solis. FCE
Herejes - G.k. Chesterton - ACANTILADO

viernes, noviembre 11, 2011

Si tan sólo pudiera cantar lo que deseo.

Si mis manos no fueran este aglomerado idiota de huesos y tendones

Que no dejarán nada de si mismas a veinte años de mi muerte,

Incapaces de encontrar en mi lo bueno de mi vida y de mi lengua.

Y luego esta maldita lucidez de nacimiento.

Este fruncir el seño, torcer la boca.

Esta razón y cuerpo

Una junto al otro,

Atándome como guirnaldas.

Dimas y Gestas:

Este par de asesinos

Con perdón de último minuto.

lunes, noviembre 07, 2011

La soledad es un vuelo de pájaros nocturnos;

Gaviotas negras, como manchas

En el biombo del ocaso.

La soledad es un don intransigente;

Liberación de ecos oscuros

En las horas pasajeras

-Las malas horas-

Sin concordia ni consuelo.


Y No sabes, no sabes,

No puedes saber,

Este sueño aire;

Este deseo recordado;

Este reclamo en los labios:

Afán vuelto polvo con las hojas muertas.


La soledad es un témpano

Erguido de furia

Contra los cuerpos,

Espada de aristas incontables

Pendiendo entre nosotros.




(8/31/2006)

Vieja Cuarteta



Jardín, botella y mujer. Instante

De un segundo es distancia de las bocas.

Banal la muerte siempre existe,

flores en presente interminable se marchitan.





(1999)


miércoles, noviembre 02, 2011

Cenzontle de papel



Por iniciativa de Teresa Dey se hizo un compilado de la clase de cuento que ella imparte en la UACM. A algunos alumnos se les pidió que mandaran los textos que desearan publicar y a otros se les pidió, como un ejercicio en clase, que escribieran un mito primordial, una creación de la mujer (es Teresa Dey, al fin y al cabos), con la condición de que nada estuviese sacado del génesis bíblico. Yo fui de los segundos, ni modo.
En fin, fue muy interesante ver las versiones de los compañeros, y como una gran parte de ellos, tal vez inconscientemente, tendía hacia el misticismo gnóstico, cómo si la exclusión del mito hebreo pidiera cosmogonías aparentemente más racionales y organizadas. Otro grupo nutrido fue el que se hizo eco y transformó diferentes mitos prehispánicos, imbuidos como estamos todos de las culturas nacionales. Algo que se me ocurre mientras escribo que ambos sentimientos, el del gnosticismo y el prehispánico, están intimamente relacionados. Vale la pena echar un vistazo a todos ellos.

La asignación fue crear a la mujer, pero al segundo párrafo había terminado de crearla, así que tuve que ponerme a hacer otras cosas. El texto tiene reminiscencias de algunas creencias africanas, otras asiáticas y algo de Michael Ende. Es un texto corto y que se lee con algunas dubitaciones. En mi disculpa diré que intentaba recrear cierta oralidad, a medio camino entre cuento indoeuropeo y relato de la abuela. No creo haberlo logrado.

En esta liga encontrarán alguna de las minificciones de Peter Paul Ramírez, otro de los antologados.




La araña Bakula




La araña Bakula pendía sobre el universo. Sólo existía la araña y su red se extendía por todos los confines de lo increado. Nada, de la nada, escapaba a su escrutinio. Mas he aquí que Bakula puso un huevo, una esfera dorada y brillante, y después puso otro huevo, éste plateado como la luna, que aún no existía.

–Tendré un par de hermosas hijas –dijo la araña, a quien la soledad eterna había enloquecido –y juntas tejeremos lo existente y lo no existente.

Más he aquí que el huevo dorado se abrió y de su interior surgió una mujer: la primera mujer.

-Tú no eres como Bakula -dijo la araña.

–Y sin embargo soy tu hija, –contestó la mujer –formada en el vientre del universo, con la esencia de lo existente y lo no existente.

-Te dejaré hacerme compañía hasta que abra el segundo huevo. Cuando mi verdadera hija venga al mundo, entonces te devoraré.

La mujer no se asustó y poco a poco ideó un plan. Bakula, contenta de encontrarse acompañada, le contó a la mujer todos sus secretos. Como que la telaraña se extendía hacia el infinito y que de ella se podían crear toda clase de objetos, pues era la esencia de lo existente y lo no existente. La mujer fingió incredulidad y retó a Bakula:

–Si es cierto lo que dices, entonces crea la tierra de verdes pastos y altas montañas, con animales que la habiten.

Bakula, herida en su orgullo, tejió y tejió y creó la tierra de verdes pastos y altas montañas, con animales que la habitaban.

–Aun no me convences –dijo la mujer, –crea, si es que puedes, la inconstante luna y las estrellas azules.

Bakula, herida en su orgullo, tejió y tejió y creó la inconstante luna y las estrellas azules.

–Casi me convences, pero si es cierto lo que dices, crea entonces el incandescente sol de la mañana.

Bakula, herida en su orgullo, tejió y tejió y creó el incandescente sol de la mañana. Cuando hubo terminado, sin que se diera cuenta, la mujer se puso detrás de ella y empujó a la araña hacia el sol, donde murió calcinada.

Tiempo después abrió el huevo plateado, de donde surgió un hombre. Éste, al ver a la mujer, cayó perdidamente enamorado. Así fue como la primera mujer engañó a la negra tejedora, puso orden en las cosas y salvó al género humano, pues de otra manera, al ver que del huevo plateado surgía un hombre, Bakula los hubiera devorado a los dos al instante y yo no te estaría contando esta historia.


Raúl Aníbal Sánchez Vargas

15 agosto 2011


lunes, octubre 31, 2011

Los libros de Querétaro


Bueno, fui a Querétaro hace poco, a una convención de detectives y me quedé sin dinero. Tuve que empeñar la cámara para pagar el boleto de regreso al D.F. Hace unos días resolví un caso importante y tuve la oportunidad de regresar por mi aparato, el cual es fundamental para la labor que desempeño (es difícil hacer borradores a carboncillo de una pareja de amantes en un oscuro portal), además, todos los maridos engañados se sienten críticos de arte. En fin, estos fueron los libros que compré entre los dos viajes:

Thomas Gray - Poetry and Prose. With an introduction and notes by J. Croft. OXFORD UNIVERSITY PRESS
Thomas Merton - El signo de Jonas EDITORIAL CUMBRE. Diario de cinco años tras su ordenación en Gethsemani
Thomas Merton - La paz en la era post.-cristiana EDICIONES PAULINAS
Tomás de Kempis - Imitación de Cristo. Versión del Pbro. Agustín Magaña Mendez EDICIONES PAUILINAS
Arnaldo Momigliano - De paganos, judíos y cristianos. FCE
Shuntaro Tanikawa - Sin conocer el mundo. PLAN C EDITORES
Luis de Camoes - Los Lusíadas.Poesías. Prosas. Edición de Elena Losada. - BIBLIOTECA DE LITERATURA UNIVERSAL (este costó doscientos pesos. una ganga absurda de sólo de pensar en el precio de lista de la misma edición en el péndulo. Por fin leeré Los Lusíadas en una edición decente).
-------------
Edit

compré uno de ensayos sobre el Bosco. No para mi, para el bicho y su proyecto del FONCA que va viento en popa


viernes, octubre 28, 2011

Los libros que compré:

Es una sana inversión después de cobrar un premio. Con dedicación y paciencia son cosas que regresan.

El Papa de Iván el Terrible. Entre Rusia y Polonia (1581 - 1582) - Jean Meyer FCE
Historia de los papas en la época moderna - Leopold Von Ranke FCE
La teología de los primeros filosofos griegos - Werner Jaeger FCE
Un sol más vivo. Antología - Octavio Paz ERA
Sueño de un mediodía de verano - Yanis Ritsos FCE (Gran alma el señor Ritsos)
Ortodoxia - G.K. CHesterton FCE
México: visitar el sueño. - Phillip Ollé-Laprune FCE
El primer fausto/ Todavía más allá del oceano - Fernando Pessoa FCE
Desde la eternidad - Eliseo Diego FCE
Asuntos Moneros. Cartas 1997-2009 Jis y Trino SEXTO PISO
Cuentos completos III - Phillip K. Dick MINOTAURO (ochenta pesos, 23 cuentos, una ganga. No importa no tener los otros dos temas. Aunque me gustaría)
Los mitos de Cthulhu - Lovecraft y otros ALIANZA (digan lo que quieran, son 600 páginas de diversión. Este libro lo tuve hace mucho tiempo, pero lo perdí no sé cómo)
Tao Te Kin. Versión de John C.H. Wu EDAF
Himnos babilónicos. Estudio preliminar, traducción y notas de Federico Lara Peinado. TECNOS
El libro tibetano de los muertos. L.D. Books
EL Golem - Gustav Meyrink. PLUTÓN
El cuento del Grial. Chrétien de Troyes ALIANZA
La rama dorada - Frazer, por supuesto. FCE (este me lo regaló el bicho, pues sabe cuanto lo quería. Es la nueva edición, y está preciosa).
La perpetua virginidad de María - San Jerónimo CIUDAD NUEVA (este lo compré en la calle y me costó sólo 20 pesos, pero está maravilloso. De hecho es toda una biblioteca de patrística, están Orígenes, San Atanasio, San Gregorio de Nisa y muchos más. Nunca había visto esta editorial y espero encontrar más en el futuro.)

---- Edit
Faltaron estos, de la feria del libro

Los poemas de Maximus - Charles Olson MANGOS DE HACHA
Aeropagítica - John Milton UNAM
La cristiandad o Europa - Novalis UNAM
Sobre la melancolía de los sastres - Charles Lamb UNAM

Los últimos también de la fundación Orantes para los poetas pobres

martes, octubre 25, 2011

Un hombre sin bigote es como una mujer con bigote
Cuaderno de notas de Anton Chéjov
Una reseña de Raúl Aníbal Sánchez



Aqui, en HermanoCerdo la revista de los campeones

domingo, septiembre 04, 2011



Paso lento, cada vez más lento y encorvado,

los rayos del sol te traspasaban al cruzar por la mirada,

como si tu cuerpo fuese tan leve

que ya no perteneciera a este mundo.


Silabario de San Miguel, regla, boina y librito,

oscuro rincón de la tarde donde te sentabas

a balbucear del tiempo su huracan de piedra.


Pan de dulce, café instantaneo,

la mano temblorosa labrada en sombras,

venas azulisimas y duras, cuerdas de cuero pintado.

La orografia de tu brazo, la cicatriz del agua hirviendo.


Al mirar tu brazo aprendia

que la piel del hombre es suave y permanente,

que pequeños rincones nombran a cada uno de sus amos

y las mujeres dejan heridas,

los hijos, el trabajo, el dinero,

hasta los granos de tierra

que cargamos en el bolsillo.

jueves, septiembre 01, 2011

-Dios mio! - se sintió magnánima- Dios mio, también a ti te perdono por permitir todo el sufrimiento que me causan estas personas. ¿Qué no se dan cuenta? ¡sólo yo, sólo yo que perdono hasta Dios mismo sé cuales son las aristas del alma humana!
jajaja, te dolió lo de gorda, pendeja predecible

mujeres tan mamonas, que tienen la desfachatez de compararse a si mismas con Jesucristo
Té lleva acento

sábado, agosto 20, 2011

Despierto de pronto en la madrugada. Los ojos muy abiertos en la oscuridad. Comienzo a pensar en la muerte,
ansiedad,
miedo.
La fragilidad de los cuerpos. La oscuridad eterna.
El rumor de las balas alrededor de nosotros.
Cierro los ojos.
Quedo en esa posición un tiempo indefinido, no infinito, pero incontable.
Taquicardia.
En algún momento me duermo, imposible saberlo.
La tercera vez en dos meses. Como si algo volviera para cazarme.

En la mañana abrazo tu cuerpo,
piedra de toque para una alhaja empañada.
Vuelvo al mundo y su cauce.
Pero aun tengo miedo.

domingo, agosto 07, 2011


Mirada casi rota, ausente, los bigotes como espuma contra el viento.

Se que por las noches, cuando juegas con jóvenes demonios a cazar ratones y espantar mi sueño

a veces te maldigo y pronuncio tu nombre con la sonoridad de una piedra contra el agua,

reclamo que en la misma sombra expira.


Pero en la mañana eres nube, certeza, sol mudo que me observa y parece se pregunta:

¿Está vivo el hombre?, ¿es feliz el hombre?,

¿ha comido el hombre su porción diaria de pan, su prometido sustento?


Es cuando el mundo se rehace de la masa triste y negra que configuró del sueño.

Me levanto, como tú bien esperabas, te cambio el agua y te alimento.

jueves, julio 21, 2011

Manera de darle vueltas al tamiz, a fin de descubrir quien habrá cometido un robo o cual-quier otro crimen.


Hay que coger un tamiz el cual suspenderás con un cabo de cuerda de ahorcado, el
cual dará toda la vuelta alrededor del tamiz y, dentro del círculo del mismo,
escribirás con la sangre del mismo ahorcado estos caracteres:

xxxx

en las cuatro partes del círculo. Luego cogerás una vasija de estaño bien limpia la
cual llenarás con agua de fuente muy clara, después de lo cual pronunciarás estas
palabras: Dies mies jeschet bene deafet dovvima énétémans. Después sacudirás
y harás girar el tamiz con la mano izquierda y, al mismo tiempo, con la derecha,
removerás el agua de la vasija con una ramita de laurel tierna, y, cuando el agua
estará en reposo y el tamiz o cedazo no girará ya más, mirarás fijamente en el agua
y verás el rostro del que ha cometido el robo, y, para que puedas mejor
reconocerlo, lo marcarás en cualquier parte de su cuerpo con la espada del arte. De
esta forma, todo cuanto le cortes encontrárase efectiva y realmente cortado en él.

domingo, julio 03, 2011

CONCURSO CUENTA CONMIGO

DAN A CONOCER A LOS GANADORES DEL I CONCURSO NACIONAL DE CUENTOS INFANTILES Y JUVENILES CUENTA CONMIGO

Por su originalidad, calidad literaria y por estar pensados para niños creativos, inteligentes y competentes, los ganadores del Primer Concurso Nacional de Cuentos Infantiles y JuvenilesCuenta Conmigo que organizó el Conafe en el marco de su 40 aniversario, son, en la categoría infantil:

Primer lugar El Fantasma Japonés escrito por Elizabeth Cruz Madrid; segundo Lunáticos de Jimena Martínez Vázquez; tercero El Cuaderno de Ana de Claudia Cabrera Espinosa; cuartoCazadora de Lagartijas de Norma Muñoz Ledo y quinto sitio Erase una vez en los Beatos de Brenda Mariana Orantes García.

En la categoría juvenil del certamen que recibió 208 cuentos procedentes de 24 estados y cuyo temática fomenta los valores, los triunfadores son:

Primer lugar La Comida está en el Congelador escrito por Raúl Aníbal Sánchez Vargas;Deshidratación de Ricardo Chávez Castañeda; El Ojo de Beata Kucienska; El Despertar de las Luciérnagas de Carlos Javier Farán Gómez y Enedino de Efraín Martínez de Luna.

Las obras ganadoras que abordan diversos tópicos y que permiten fortalecer la cohesión y el tejido social, serán publicadas por el Conafe y distribuidas para su lectura entre sus alumnos de las pequeñas comunidades marginadas del país.

Los ganadores del primer lugar del concurso, en ambas categorías, recibirán un premio de 50 mil pesos, cada uno; los del segundo 40 mil; los del tercero 30 mil y los del cuarto y quinto sitios 20 mil pesos.

Además, se les entregará un diploma y reconocimiento por su participación el próximo 11 de septiembre con motivo de la celebración del 40 aniversario del Conafe y un paquete con reproducciones de obras artísticas del Consejo. Los ganadores de los tres primeros lugares recibirán también un juego de libros de literatura.

También, se hicieron acreedores a una mención honorífica en la categoría infantil, las obras: La Leyenda del Ámbar de Emilio Ángel Lóme; ¿Quién Inventaría la Tarea? de Marcos Orlando Cruz Camarillo; Emilio y la Lectolepsia de María Luisa González Mercado y El Canto del Sombrerónde Jorge Arturo Arroyo Rodríguez.

En la categoría juvenil recibirán mención honorífica: El Club de los Perdedores escrito por José Andrés Acosta Cuevas y El Minotaurio Azul de Ileana Monzerrat Flores Alcocer.

El jurado calificador del certamen estuvo integrado por:

Laura Marta Guerrero Guadarrama, investigadora, crítica y especialista en literatura infantil y juvenil, quien es académica de tiempo completo del Departamento de Letras y coordinadora del posgrado en Letras Modernas y del diplomado de Literatura Infantil y Juvenil de la Universidad Iberoamericana.

Mónica Beltrán Brozon es egresada de la Escuela de Escritores de la SOGEM, en donde imparte la materia de Literatura Infantil y Juvenil en un diplomado de esa casa de estudios y en el diplomado en Creación Literaria del Instituto Nacional de Bellas Artes.

Irma I. Ibarra Bolaños, quien estudió Lingüística y Literatura Hispánica en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, ha sido catedrática en educación media y superior, además de participar en diversos proyectos de investigación sobre formación de lectores.

El director general del Conafe, Arturo Sáenz Ferral, felicitó a las integrantes del jurado por su trabajo y les entregó un presente.

Guerrero Guadarrama, Beltrán Brozon e Ibarra Bolaños expresaron su satisfacción por la convocatoria tan amplia y diversa del Conafe que permitió reunir en el certamen a escritores de diversos estilos y destacaron que certámenes como éste enriquecen a la literatura infantil y juvenil.



Galería

lunes, junio 13, 2011

On silence

Silence is the unbereable repartee

G.K. Chesterton

Ay, el silencio y sus juegos de palabras,

sesesos, susurros, apenas útiles para este idioma,

ésta lengua barbada

con el ropón llena de parches.


Tesis doctorales sobre el silencio,

ensayos de revista semanal,

reflexiones larguísimas, atribuladas,

calcos de viejas pinturas

con ermitaños sin lampara en un bosque.


El silencio y sus cuatrocientas voces,

sus cuatrocientos mandarines alemanes

con palabras intraducibles explicadas al pie de pagina.


Qué saben del silencio, ni siquiera es el canto del grillo,

la sirena en la noche, el zumbido agudo del agua en el tímpano

que los adolescentes sufren al volver de la alberca,

la soledad en la que piensan sobre una conocida

a quien nunca pueden dirigir la palabra.


Y luego el mar con su roca, espuma y niebla,

el color amarillo, el azul del cielo surcado por gaviotas.

Discuten en las salas de conferencias,

en los congresos de hombres de letras,

el humo de cigarros busca la perfecta sinestesia.


Mientras, allá afuera, se van la vida, los hijos, los monumentos.

Los claros de pasto y ceniza, parques y estatuas,

son apenas artilugios borrosos que nos pasan de largo.


Ante el milagro de la lluvia buscamos el charco, la onda,

la parte que del todo nos brinde respuesta.

sábado, junio 04, 2011

Por fin de vacaciones, y ahora si, seguirle con los proyectos atrasados

Los lentes de aviador, con montura de oro chapado, relumbraron al sol y arrojaron destellos a su alrededor, como si fuera de los ojos que los lentes protegían donde manaban los rayos y no del astro rey. Mono blanco, impecable, costuras rojas, y la solapa tan larga que podrías cortar de ella otro traje. Él sabía muy bien que gran parte del éxito dependía del estilo, de la actitud. Hace más de siete años que Charly no perdía una carrera.

No estaba preocupado, nunca estaba preocupado, pero ahora las cosas eran un poco diferentes. Había dejado de correr un tiempo, cuando su nueva novia descubrió que la infidelidad en su relación aumentaba en consideración a la exposición a edecanes de automovilismo amateur. Durante todo esos meses en que Charly yacía apagado detrás de la barra del bar que poseía en una céntrica colonia, apartado de sus dos más grandes placeres (a saber, los autos y el flirteo), apareció un nuevo campeón que causaba estragos en los circuitos de aficionados. Nadie sabía su nombre y nadie había visto su rostro. Se ocultaba tras un casco de seguridad negro, y, sin patrocinador que lo obligara a mostrar sus colores en la pista, había pintado el automóvil de blanco con una sola leyenda en el costado derecho: Desheredado.

Charly tenía miedo de encontrarse oxidado, más lento en sus reflejos de lo habitual, miedo de encontrarse asustado (comprendía la paradoja) y ser avasallado por sangre más nueva. Como cualquier rey, tenía miedo de perder su reino.

Detuvieron a Hank Rhon, despues de 15 años. Blancoornelas puede por fin descansar en paz.

jueves, junio 02, 2011

Muchos malentendidos por esta entrada. Que se joda la jarocha, para que quede claro.
Hace unos días en ForoTV y Proyecto 40 ponderaban las protestas en España. Las ponían como ejemplo de civilidad y como no molestaban a la clase media cerrando calles o haciendo marchas. Triste fue ver a la policía de todas maneras rompendioles la madre. No han vuelto a hablar de ello.

martes, mayo 17, 2011

No digan que no lo advertimos hace tiempo. Sobre ejecuciones y Narcotrafico.

Este post fue escrito hace seis años para una versión antigua del blog. Trata sobre el incremento de la violencia en Chihuahua y el papel que la sociedad y los medios de comunicación estaban desempeñando en el momento. Las situaciones de violencia que describe eran poco comunes en la época y respondían a un momento histórico especifico en el crimen organizado. Es probable que si se hubiera actuado con mayor responsabilidad se podrían haber detenido en el momento. Hoy son situaciones que se repiten todos los días en escalas que ya ni siquiera podemos medir. Temo que sea demasiado tarde para el estado de Chihuahua y para el país.


Violencia de violencias, y todo es violencia.

La ciudad se está cayendo a pedazos. Muerte, muerte en todos lados con un poco de humor negro.
El reacomodo de las mafias y carteles en Chihuahua, así como las operaciones conjuntas de la DEA el ejercito y la PGR en el estado han puesto nerviosos a todos los capos. En menos de cuatro días a habido diez ejecutados por motivos del narcotráfico. Chihuahua, Ciudad Juárez, y una intrigante conexión con las matanzas en Nuevo Laredo Tamaulipas.
Hace apenas tres días un comando armado entró a las instalaciones de un hospital del centro de la ciudad. Mataron un herido y a sus guardias. No hubo modo alguno de detenerlos ni identificarlos, las cámaras de seguridad habían sido bloqueadas horas antes. En Nuevo Laredo, el mismo día, fue ejecutado el jefe de policía municipal, a solo seis horas de haber sido nombrado para el cargo.
Las matanzas entre narcotraficantes y a agentes federales, municipales y estatales, están rebasando ampliamente a las autoridades. A la razón de un ejecutado diario estamos viviendo en este momento en Chihuahua y se siente una extraña desesperación detrás de todos estos crímenes por parte de los sicarios y narcotraficantes. Una vida por otra.

Estoy harto, y no se como tomar las cosas. Ayer en la redacción del El Peso, una publicación vespertina en Chihuahua propiedad del Diario de Chihuahua escuché esta platica entre la jefa editorial y la encargada de publicidad.
-Oiga, Lupe ¿qué le parece si ponemos este cintillo de publicidad en la primera plana?
-¿Pus' que estas loca, Zayra? ¿Y luego donde pongo mis muertitos?
-Pero es que es publicidad...
-Si, pero mis muertitos venden más Zayra.
Fue divertido, debo admitirlo. Hoy por la mañana mientras iba a desayunar a un restaurante medianamente famoso con mi madre le dije, sabes qué madre, mejor vamos a los tacos de perracoa. No, no – me respondió- tengo ganas de un pozolito de allí. Bueno madre, pero qué conste que si ejecutan a alguien mientras estamos comiendo voy a decir: te lo dije.
Intento tomar las cosas con humor, pero está difícil. Me siento muy rodeado de muerte en este momento, y ni siquiera muerte natural, si no una horrible, planeada, llena de tortura. Hombres con las manos amputadas, torturados con electrochoques en los genitales, ahogados vivos en tambos de cemento, “corbatas” al más puro estilo colombiano (cuando a un hombre le abren la garganta y le sacan la lengua por la abertura), y el peor de todos, las ráfagas de cuerno de chivo que no solo acaban con el enemigo si no con todo lo que se encuentre cerca. Ese es el pan de cada día en estos momentos en Chihuahua.

Mientras tanto El Heraldo de Chihuahua polariza la atención.
El encabezado de hoy: Detienen a satanicos en sus macabros ritos.
La fotografía de portada: tres mocoso black metaleros de 18 años en los separos.
Su crimen: eran okupas y tenian posters de Iron Maiden.
Ya estoy esperando las dos semanas de especiales del periódico sobre subcultura “dark” y “black metal” y Aleister Crowley, las opiniones de pastores metodistas y entrevistas con diputados locales “hay que hacer algo contra el satanismo”.
Coño. Esto esta muy mal, muy mal.

posted by Amilcar @ 2:22 PM

miércoles, mayo 04, 2011

Luna de Día




Luna de día


A dónde vas,

de tapadillo,

huérfana de espejos y lentejuelas.

Juan Manuel Serrat


Omar corrió en dirección a la puerta de la casa y de dos pasos gigantescos salvó todo el trecho del pasillo, tomando apenas por un pelo la mochila colgada en el recibidor con la mano que no sostenía el sándwich de mantequilla y mermelada que le había preparado su mamá. La claridad del sol en el porche le hizo detener su carrera y entrecerrar los ojos. “Parece que aun sigo algo dormido”, pensó. Omar se había desvelado buena parte de la noche, fascinado mirando las estrellas. Apenas ayer le habían regalado un telescopio.

A su papá lo habían liquidado dos días atrás en el cine donde trabajaba como proyectista. Ese día fue algo extraño, cuando su papá llego a casa, él y la mamá de Omar se encerraron en la habitación de arriba. Omar recuerda haber escuchado suspiros y como sollozos a través de la puerta (una mala costumbre la de espiar, decía su hermana mayor), pero al día siguiente parecía todo normal mientras desayunaban a la mesa, normal excepto porque su padre se quedó en casa y se ofreció a hacer las compras del mandado. Cuando volvió de las compras resultó que había comprado regalos para todos: a mamá un collar finísimo de oro, a su hermana un teléfono celular que todas sus amigas envidiaban y a Omar le trajo un telescopio. ¡Un telescopio! Omar hubiera preferido un videojuego, o un teléfono cómo el de su hermana, pero aun así estaba bastante sorprendido. Era de un color gris plateado y parecía un rayo desintegrador del espacio exterior, con el ocular que le sobresalía y aquel trípode que lo acompañaba, como para apuntar mejor al enemigo. Nunca había visto uno de cerca en su vida, sólo los de la televisión, que eran mucho, muchísimo más grandes, y en los libros de historia de la primaria, cuando hablaban de un señor Galileo, que hace 400 años se había construido uno el mismo; pero ese telescopio del libro de texto recordaba más a los catalejos que usaban los piratas en las películas. Era un regalo caro, y Omar lo apreció más porqué sabía que no podían gastar aquel dinero. Mamá y papá se volvieron a encerrar en el cuarto de arriba y está vez aunque no pegó su oído a la puerta, pudo escuchar gritos de su madre y de nuevo, como ahogados, sollozos y suspiros.

Ya en la noche, cuando parecía que todos se habían dormido, Omar en su cuarto descubrió que el asunto del telescopio era bastante complicado. No lograba ver nada y no sabía como montarlo. En ese momento su papá entró abriendo despacito la puerta del cuarto. Tampoco podía dormir.

No es tan caro como tu madre cree –dijo el papá mientras abría la puerta. –¿Sabes lo que es, como se llama?

Por supuesto, es un telescopio –la pregunta casi era ofensiva. Omar no se consideraba ningún tonto.

No, no –el papá pareció darse cuenta de su error –me refiero a su nombre específico. Por supuesto que es un telescopio, pero este es un newtoniano.

¿Newtoniano?

En honor a Isaac Newton, quien lo inventó. Un telescopio reflector. Veras, es diferente a otros porque utiliza espejos en lugar de lentes para tomar la luz y formar las imágenes. No ves con aumento hacia el cielo, como si usaras los lentes de tu mamá, sino un reflejo aumentado. Como la casa de los espejos en un parque diversiones, aunque claro, con todas las diferencias que implica. Mi abuelo, es decir, tu bisabuelo, en paz descanse, me enseñó todas estas cosas. Él estaba chiflado por los telescopios y solía llevarme a algún claro del bosque cuando nos quedábamos en su casa para ver las estrellas. Lo hacia conmigo, su nieto, porque mi padre nunca tuvo tiempo para esas cosas. Él era un hombre diferente y solo se ocupaba en trabajar para sostener a su familia. De cierto modo era un buen hombre, pero muy poco accesible, en nada se parecía a tu bisabuelo; mi padre no tenía paciencia para aquellas cosas. Porqué, veras, Omar, este es un asunto de paciencia. Te voy a enseñar. Es como cazar un tigre, decía mi abuelo.

¿Un tigre? –A Omar la idea le pareció demasiado complicada.

Si, como un tigre. Solo que en lugar de tigres, cazas lunas, planetas, estrellas. –Sin parar de hablar, el papá de Omar comenzó a montar el telescopio –Piensa en el infinito, el cielo, como una selva. Hay que dividirla, conocerla. Y luego hay que apuntar tu rifle, en este caso, tu telescopio, y esperar. Mira, mira esto.

Omar miró por el ocular del telescopio y observó. En su campo de visón, tímida y lenta, la luna comenzaba asomarse. No era como en las caricaturas, cuando el marciano mira por el telescopio y puede ver a una persona caminando por la tierra. Era algo diferente, más bello por ser real. Era una luna blanca, grande, llena de cráteres, erosionada por los millones de años de su historia, como una joya preciosa que nadie puede poseer. Nunca la había visto tan bella, y un pensamiento le atravesó por la mente. Pensó que si seguía ahí, con un ojo cerrado y el otro mirando a través, y si extendía el brazo lo más que pudiera, y si extendía las puntas de los dedos lo más que pudiera, con un máximo esfuerzo, con un poco de suerte, podría tocar la luna, sentirla entre sus dedos. Pero no lo hizo, sólo se quedó mirando, sorprendido.

Es como magia –murmuró quedo, para que su papá no lo escuchara. Pero no era magia.


Pero ahora se le había hecho tarde por más que corrió y corrió. Desvelado, distraído, con un sándwich medio aplastado en la mochila, la prefecta no lo dejó entrar a la primera hora. Se sentía derrotado. Tenía problemas con la puntualidad desde que entró a la secundaria, le costaba trabajo acostumbrarse a ir solo hasta la escuela, incluso a pesar de que se encontraba a pocas cuadras de la casa.

Se sentó a comerse su sándwich, pensativo, repasando todo lo que había sucedido en esos días. No sabia que sucedía con sus padres, pero Omar no era un bebé ni un tonto, se daba cuenta que la situación podía empeorar.

Tienes mermelada en la barbilla –le dijo una voz que lo saco de sus meditaciones sorprendiéndolo. Era Silvia, su compañera de clase. Silvia era una niña que a Omar le parecía encantadora, de hecho, le gustaba, pero se cuidaba bien de no decírselo a ninguno de sus amigos pues no quería ser blanco de bromitas del tipo de: “Omar tiene novia, Omar tiene novia”. Aunque es probable que sus precauciones fueran en vano y que mucha gente lo sospechara ya; y es que Omar, cuando Silvia aparecía, solo atinaba a quedarse mudo y boquiabierto. Tiempo después recordaría que el episodio de la mermelada en la barbilla no fue precisamente uno de sus mejores momentos.

¿Qué, qué? –alcanzó a balbucear Omar mientras se limpiaba la cara con la manga del uniforme.

Así que también llegaste tarde. ¿Cuál es tu pretexto? –preguntó Silvia, viendo que, como siempre, a Omar le iba a costar trabajo seguirle la conversación. De hecho, pensaba que Omar era un poco retrasado, o cuando menos, inusualmente lento a la hora de pensar. No era que le desagradara, pero a veces se sentía nerviosa cuando hablaba con él y se daba cuenta de su mirada vacía y medio alelada. Por supuesto, Silvia ni siquiera sospechaba la verdadera razón de todo aquello.

Uh… me dormí muy tarde –contestó él, tartamudeando. –Mí papá me regaló un telescopio y estuve aprendiendo a usarlo toda la noche.

¿Un telescopio, de verdad?

Si. Se llama newtoniano… uhm, por Isaac Newton.

Pero justo entonces, Omar temió estar aburriendo a Silvia (su peor temor era resultarle aburrido a Silvia), así que decidió cambiar el tema por algo que, evidentemente, debió haber hecho antes por cortesía. Así que tomando aire como si se fuera a lanzar desde un avión en un paracaídas, luchando contra sus propios nervios, preguntó:

¿Y tu porqué llegaste tarde? –No era una pregunta del otro mundo, pero a Omar le había costado un trabajo increíble; habría que recordar que aun no se recuperaba de la vergüenza de la mermelada en la barbilla.

¿Yo? Ahm… no lo sé. Supongo que me distraje en el camino. ¡Me gusta tanto como se ven las cosas por la mañana! Me distraigo muy fácilmente. ¿Has notado como en la mañana la luz es más clara que el resto del día, o como se ven las cosas a tu alrededor, como si fueran azules, o grises? Parece como si lavaran la ciudad por la noche y por eso se ven tan claras las cosas por la mañana.

A Omar todo eso le pareció muy raro (empezando por el hecho de que no le importara llegar tarde a la escuela), pero era exactamente lo mismo que le gustaba de Silvia. Ella se daba cuenta de cosas que otras personas no se daban cuenta. Era rara, definitivamente. Todos sus amigos decían lo mismo de ella, que era rara, y él estaba de acuerdo, pero aquello no le desagradaba sino todo lo contrario. Le encantaba.

Hay días como hoy –continuó ella, sin hacer caso de la cara de embobado de Omar, –hay días como hoy en los que, incluso, puedes mirar la luna. Y se ve blanca y translúcida, como un fantasma, o como si la hubieran sacado de una lavadora.

¿La luna? –preguntó Omar sorprendido, eso era justo lo que mas le interesaba últimamente. –¿La luna de día? No lo creo Silvia…

Velo tu mismo –dijo ella, apuntando un dedo hacia el cielo.

Omar volteó hacia arriba, y allí, en lo alto, casi transparente, había una luna carcomida, confundiéndose con el color de las nubes en el cielo.

¿Un telescopio, dices? Nunca he visto un telescopio de verdad –dijo Silvia. Pero Omar estaba tan sorprendido que ya no escuchaba lo que le decían.


Una luna de día, pensaba Omar, mientras salía del colegio. ¡Qué extraño ver una luna de día! Eso no tenía pies ni cabeza, hubiera sido tan raro como ver un sol de noche. Aunque, claro, si hubiera sol de noche ya no sería de noche. Como en el polo norte, se dijo recordando lo que había visto en la televisión. Una película de unos vampiros que van a comerse gente al polo norte porque ahí la noche dura seis meses y el día otros seis. Ahora que lo pensaba, no parecía muy probable que hubiera gente que comerse en el polo norte, pero lo de la noche y los días parecía de verdad. A esas alturas del día, Omar se había preguntado tantas cosas que incluso había empezado a dudar de lo que era aparentemente normal. Después de todo había noches en las que la misma luna desaparecía por completo del firmamento. Una luna de día, se dijo de nuevo, ¿y por qué una luna de noche? Bien podríamos ni siquiera tener luna.


Cuando llegó a su casa se encerró en lo que su papá llamaba “su estudio”. El “estudio” era en realidad un cuartito pequeño que había quedado sin acondicionar cuando se mudaron de casa, algunos años atrás. Había una mesa de madera llena de papeles, principalmente facturas y cuentas, y una caja de metal llena de cables y tronillos, grasienta de aceite para máquina y que siguiendo la misma lógica del “estudio” el papá de Omar llamaba “su caja de herramientas”. Pero también tenía ahí su padre algunos libros, arrugados por la humedad y falta de uso. Omar se extrañó que a aquellas cajas en el suelo no les llamaran “la biblioteca”, era lo único que faltaba.

Un día, mientras jugaba a las escondidas con su hermana, juzgando que ese era el lugar ideal para esconderse, y como su hermana tardaba mucho en encontrarlo (en realidad todo era una trampa de ella para deshacerse de su molesto hermanito menor, y en ese momento hablaba por teléfono con una amiga de la preparatoria, sin preocuparse en lo más mínimo del paradero de Omar), él había esculcado minuciosamente todos los tesoros de su padre. Encontró algunos cables que durante los siguientes meses fueron su juguete favorito, unos diminutos focos que no logró adivinar para que servían en realidad y una voluminosa enciclopedia en diez tomos, que olía peor que el perro de la vecina, el que siempre andaba metiéndose en los charcos y debajo de los automóviles y tenia una rara fascinación por los aspersores de agua. La enciclopedia la dejó de lado, pero en la memoria de Omar aun quedaba una imagen de uno de los tomos abiertos al azar: la de una ilustración que representaba el sistema solar, y otra más, la de la luna, una luna repetida muchas veces, sólo que diferente cada vez, una luna que comenzaba a sombrearse, como si algún gigantesco monstruo espacial le fuera dando de mordidas y después iluminándose de nuevo hasta volver a ser el brillante disco de plata de siempre.

Hacia ahí se dirigió de nuevo, aunque no pudo evitar echar un vistazo furtivo a los diminutos focos que había regados en la caja de herramientas de la vez anterior, ya había pensado que serian buenas granadas de mano para su muñeco de MaxSteel. Ahora puso más atención a la lámina, leyó todo sobre las fases de la luna, estaba más que dispuesto a descifrar el misterio de la luna de día. Ya imaginaba el rostro impresionado de Silvia cuando al día siguiente le contara el verdadero motivo de esa luna desvelada. Esto fue parte de lo que Omar vio:

Como se sabe la luna presenta diferentes fases. Cuando se encuentra entre la Tierra y el Sol, no la veremos ya que nos presenta su hemisferio en sombra; es la "luna nueva" o "novilunío". A partir de ahí, ofrece una fina hoz, vuelta hacia el Sol, que va ganando anchura, hasta que, aproximadamente a la semana, tiene lugar "cuarto creciente", donde muestra medio disco iluminado. Esta claridad va creciendo con los días hasta alcanzar el grado de “gibosa creciente”, y transcurrido el mismo periodo de tiempo desde el cuarto (7 días y 6 horas), habrá alcanzado el "Plenilunío" o "Luna llena". Luego su parte iluminada se va restringiendo, quedándose, al cabo de otra semana, en la mitad. Es el momento del "cuarto menguante", antes de volver otra vez al novilunío. El "mes lunar" o "lunación" dura 29 días y 12 horas.


Aprendió, lo mejor que pudo (había palabras realmente raras en esa lamina), todo lo que logró entender sobre las fases de la luna. Resulta que la luna no brilla por si misma, o eso parecía. La luna es en realidad como un gran espejo que refleja la luz del sol. La razón por la que parece que va desapareciendo es por su posición respecto a la tierra y los rayos de la luz del sol. Omar probó incluso con el foco del estudio, poniendo una mano en la trayectoria de la luz para simular la luna y otra mano debajo de ella para simular la tierra. Entendió que cuando la luz pegaba en su dorso alguien que mirara desde la tierra (es decir, su otra mano) no podría ver la luna, pues en lugar de reflejar la luz del sol en realidad la tapaba, o mejor dicho, la reflejaba hacia un lugar que no era la tierra. Pero si la mano quedaba del otro lado de la tierra, es decir, de la otra mano, entonces se veía iluminada y lo que provocaba sombra era la tierra. Todo este tiempo, pensó, he creído que es la luna la que se esconde, pero en realidad es sólo que nosotros no podemos verla.

Pero de la luna a pleno día no había nada en esa enciclopedia. “Tal vez, se dijo a si mismo, tal vez me tocó ver algo muy raro, o a lo mejor me estoy quedando loco. La maestra no dijo nada de la luna de hoy, sólo Silvia y yo lo notamos. Si fuera tan común que eso pasara entonces estaría en todas las enciclopedias”.


Durante la cena estuvo pensativo, jugando con la comida sin prestar atención a lo que ocurría a su alrededor, dándole vueltas con el tenedor a una albóndiga. “La lámina no lo indica porque es extraño e inusual”, pensó. “O la lámina lo dice, pero yo no puedo entenderlo. La verdad es que algunas de las palabras ahí impresas no parecen tener sentido. ¿Qué es una gibosa, por ejemplo?” Por el dibujo Omar sabia que una gibosa era algo más grande que lo que llamaban “cuarto”. Pero le hubiera gustado saber que significaba en si la palabra. “Gibosa, más bien suena como el nombre de un sapo que como una fase de la luna. Además, resulta que los cuartos de la luna, menguante y creciente, en realidad parecen mitades y no cuartos. ¿A santos de qué ponerles el nombre de cuarto?”

Si alguien podría saber todo eso, se dijo Omar, ese era su papá. Después de todo, ¿no le había enseñado a usar el telescopio, a esperar pacientemente a que la luna atravesara su campo de visión? Omar se alegró pensando que por fin había encontrado a alguien que supiera la respuesta, ya no las palabras sin sentido de la lámina, sino el misterio increíble de la luna de día.

Pero algo muy extraño sucedió esa noche. Algo que Omar no recordaba que hubiera pasado nunca: su papá no llegó a dormir.

Por la mente de Omar pasaron mil y un cosas terribles, en su imaginación ya veía el cuerpo postrado de su padre en la carretera, entre los retorcidos restos del Volkswagen color cereza que habían comprado hacia años. Aun recordaba el día en que trajeron el automóvil, después de lo que según su padre “había sido una ganga”. ¿Quién iba a pensar que aquella ganga iba a terminar convirtiéndose en un ataúd rodante? No, el destino no podía ser tan cruel e irónico. Tal vez, simplemente, ahora se encuentre en la cárcel. En la cárcel debido a algún accidente sin sentido, una falsa acusación. ¿Y si hubiera tenido la mala suerte de ir pasando cerca de un banco durante el momento en que se llevaba a cabo un asalto? Veinte años a la sombra, mínimo, se dijo, imitando el lenguaje de los policías en la televisión. Veinte años en chirona. ¡Pero si era inocente!

Sin embargo su mamá pareció no tomar muy en serio las teorías expuestas por Omar. Se limito a mirarlo con una expresión de sorprendente serenidad en el rostro:

Tu padre anda con sus amigotes. No te preocupes por él… cuando menos no te preocupes hasta que llegue. Porque cuando llegue lo voy a matar yo misma. –Esto último lo decía agitando el puño en un gesto retorcido, frente al rostro de Omar como si él tuviera la culpa. Omar, aun así, decidió no descartar del todo algunas de sus hipótesis. Cuando menos el rapto a manos de seres extraterrestres le parecía bastante factible.


Al día siguiente, ya en clase, lo único en que podía pensar era en esquivar la mirada de Silvia. Se había imaginado ese día de una manera muy distinta y en su fantasía el quedaba como un campeón ante los ojos de la muchacha mientras, fluidamente, sin tartamudear, le explicaba haciendo señales con las manos (imaginaba que estos gestos le darían un aire más interesante) todos los misterios del espacio y de aquella luna que tan poderosamente había llamado su atención en la mañana. Pero ahora Omar sólo atinaba a sentirse fatigado, triste y confundido. Llevaba dos días desvelándose y lo que le había pasado a su padre, fuera lo que fuera, le hacia sentirse profundamente incomodo. Así que no averiguó nada con su enciclopedia (o cuando menos eso creía) y su plan para conquistar a la niña que le gustaba mediante el asombro era un completo fracaso.


Durante el receso, a media mañana, por más que hizo Omar para ocultarse, comiéndose su sándwich detrás del taller de electrónica, donde nunca se asomaba ninguna persona, Silvia se le apareció de pronto con el rostro agitado y colorado, como si hubiera estado corriendo por toda la escuela.

–Te he estado buscando por todos lados ¿qué haces aquí?

Omar, como de costumbre ante su aparición, se quedó atónito y no pudo decir nada. Los encuentros con Silvia casi siempre eran monólogos, platicas en donde ella lo sorprendía con un tropel de palabras y él sólo se dedicaba a observar calladamente. Ella hablaba y hablaba, y a veces era como un ciclón.

Silvia, acostumbrada a la mudez de Omar no hizo caso a su expresión:

–Bueno ¿te estabas escondiendo de alguien? Que bueno que te encontré yo, de todas maneras. Venia a decirte que pedí permiso para ir a tu casa en la tarde.

–¿A… a mi casa? –preguntó Omar sin entender que había pasado o de qué se había perdido. ¿Desde cuando somos tan amigos, pensó, como para que ella vaya a mi casa?

–Pues si, tonto, a tu casa. Ayer te había dicho que me enseñaras el telescopio y tú prometiste llevarme a verlo. ¿O es que acaso ya no lo recuerdas?

Claro, el día anterior estaba tan distraído que había olvidado por completo el comentario de Silvia. Y sin embargo, el no recordaba en lo absoluto haber prometido que llevaría a Silvia a su casa. Como sea, ya no era momento para esas consideraciones. Tal vez lo de la luna no había salido muy bien, pero después de todo, Silvia quería acompañarlo a su casa y eso era lo único que ahora importaba. ¿Qué dirían sus amigos si se enteraran? Bah, tampoco eso importaba. Ahora tenia por fin una oportunidad y nada podía salir mal, ¿o si?

–Si, si. Claro que lo recuerdo. Que bueno que te han dado permiso, si quieres podemos comer en mi casa. Mi mama tiene la mala costumbre de que siempre hace mucha comida.

–Me encanta comer en casas ajenas. Mi madre dice que se lo heredé a mi abuela.

Otro comentario sin aparente sentido. A Omar le encantaban esa clase de cosas, le fascinaban… le hacían sentir definitivamente raro…un vació en el estomago y una taquicardia de locura. Si… nada podía salir mal.

–Nos vemos entonces a la salida –dijo ella antes de salir corriendo –por cierto, tienes mermelada sobre toda la camisa.

Sólo una cosa le sorprendió más que aquel olvidado y afortunado compromiso, y eso era lo que le esperaba a llegar a casa. Aunque a la salida de la escuela estaba que no cabía en si de contento, no podía dejar de pensar en lo que le esperaría. Recordó que en la mañana aun no había llegado su padre y tenia también muy presente el mal humor que le había demostrado su madre. Y aun sin esos agravantes estaba el pequeño problema, y en realidad el que más le preocupaba de todos, el pequeñísimo hecho de que… ¡se moría de vergüenza! ¿Qué iba a decir su mamá cuando llegara con una amiga de la escuela? Peor aun, su hermana. Dios santo, si a su hermana se le ocurría abrir la bocota durante la comida. Podía ser tan molesta cuando se lo proponía, tratándolo como a un niño chiquito y eso que en realidad era solamente cuatro años mayor.

Pero en la casa todo fue muy bien, de hecho: “sospechosamente bien”. Su mamá al verlos los recibió con una sonrisa sospechosa, como si él llevara amigas a la casa todos los días y fuera de lo más natural. Su hermana se quedó sospechosamente callada durante todo el tiempo que esperaron a que sirvieran la comida. Su papá había llegado por la mañana, pero estaba en la habitación de arriba, durmiendo. Omar pensó en un millón de excusas para decirle a Silvia más tarde sobre porque su papa aun dormía pasadas las dos. Pero Silvia nunca preguntó nada y a Omar se le olvidó por completo de lo nervioso que estaba. Estaba muy tenso y a la defensiva, pero no parecía darse cuenta. Esa sonrisita de su hermana no parecía de buen augurio.

–Entonces, ¿van al mismo grupo? –preguntó la hermana. Omar casi se atraganta con un nugget de pollo. Aquí venia, claro, tenia que echarlo a perder.

–Si, en el B, mi mamá dice que es el b de los burros, pero lo dice en broma –contestó Silvia en una de sus clásicas respuestas.

Lo mismo decía mi padre, el abuelo de Omar, cuando yo iba en la secundaria. Yo le respondía que el grupo A no era mejor, y que A quería decir de los asnos.

Dios santo”, pensó Omar, “esto me va a matar de los nervios”, y se pasó el nugget a medio masticar por la garganta, como si le hubieran estado apretando el cuello mucho tiempo y por fin pudiera respirar y comer tranquilamente.


No quiero asustarte, pero no se ve absolutamente nada –dijo Silvia, agachada sobre el ocular y moviéndose a los lados como si fuera su mala posición la que impidiera la vista.

–¿No tiene puesto el tapón? –preguntó Omar, más para si mismo que otra cosa. Se asomó a la punta del telescopio y no, todo estaba bien. ¿Qué seria lo que pasaba? Su telescopio se había descompuesto… y justo ahora. ¡Diantres!

–Omar, no vas a lograr ver nada de día. –La voz que esto decía pertenecía a su padre. Entrando por la puerta, despeinado y con una cara de haber dormido un montón, traía un plato de cereal en la mano y hablaba al masticar. Algunas veces como esta, cuando no estaba lleno de preocupaciones, cansado, cuando no se miraba la más que usual melancolía en su rostro desde que entró a trabajar de proyectista en el cine, veces como ahora, podía parecer un duende o un diablillo. Alguien muchísimo más joven y fuerte, entusiasta. En ese momento Omar supo que su padre iba a estar bien y que su familia iba a salir adelante. ¿Cómo lo supo? Un sentimiento, confianza, tal vez, en la bondad de los hombres. Pero tenia que ver con todo lo que había ido sucediendo, con Silvia ahí a su lado, con su madre y su hermana y el intenso cariño que todos sentían entre si. A lo mejor se engañaba y eso sólo el tiempo lo diría, pero lo cierto es que ese era su sentir en aquel momento. Su sentir humano, confidencial.

–Si tu telescopio no fuera un newtoniano, sino un refractor tal vez. No es lo mismo mirar con aumento hacia el infinito que un reflejo aumentado. La luz del sol no te va a dejar ver nada allá a lo lejos. A causa del vapor de agua y los aerosoles la luz del sol se dispersa, produciéndose el color azul del cielo… en otras palabras, es como si tuvieras una cortina azul tapando el universo.

¿Pero las estrellas siguen ahí? –Preguntó Silvia. Una pregunta en apariencia muy tonta, pero cuando Omar lo pensó más tarde, cargada de significado.

–Claro, pero no las vemos.

–Entonces el problema del día y la noche, todo eso es algo estrictamente terrestre. –dijo Silvia con emoción profunda en los ojos, como iluminados, y entonces Omar comprendió de lo que Silvia se había dado cuenta.

–¡Silvia! –dijo atrabancadamente, casi gritando. –¡La luna de día!

–¿Luna de día? –preguntó el papá de Omar

–Si podemos ver la luna de día, como anteayer, es por su posición respecto a la tierra. El día o la noche no tienen nada que ver –Omar, de la emoción, comenzó a explicarle a Silvia todo lo que había visto de las fases de la luna en la lámina de la enciclopedia. El caso es que su papá se escabulló tan sigilosamente como había entrado mientras el hablaba hasta por los codos. ¡Y de verdad que hablaba! Parecía un huracán. Fluidamente, sin tartamudear, no se daba cuenta de lo bien que lo hacia. Incluso repitió con las manos la simulación de la tierra y la luna, y algo de duenderil o diablillo, como a su padre, se le podía ver en los ojos. Silvia pensaba que algún extraño cambio se había operado en él. Y es que, realmente, ya no parecía un tonto, o cuando menos ya no hablaba cómo tal. El descubrimiento de una verdad por si mismo, la emoción de una deducción posible, habían trastocado la timidez usual de Omar en su afán de compartir.

Platicaron hasta entrada la tarde y aunque siguieron sin poder ver nada en el cielo, cuando pasaron a recoger a Silvia, ella no quiso marcharse hasta que Omar le prometiera que la invitaría otra vez a su casa. Esta vez a cenar, claro está, para poder utilizar el telescopio. Algo de la emoción por la luna de él se le había pasado a ella en esa tarde. Quería ver la luna, grande y de plata, por si misma, como Omar se la contaba.

Salió toda la familia a despedirla al porche de la casa mientras sus padres la esperaban en el automóvil andando. Comenzaba a oscurecer y Omar pensó con un poquito de tristeza que si ella se quedaba un ratito más podrían haber visto juntos las estrellas ese mismo día.

–Me encanta cenar en casas ajenas –comenzó Silvia –Mi madre dice que se lo heredé a una tía lejana, le decían doña Gertrudis… –pero en eso Silvia, como si recordara algo muy importante, se puso completamente colorada, y sin saber nadie como sucedió, ni cuando, le dio un beso en la mejilla a Omar con los ojos cerrados. Un beso tronadísimo hay que decir, y los colores de la cara de ella se pasaron a la de él. Sin decir ni una palabra más salió corriendo al automóvil, despidiéndose de todos mientras hacia grandes aspavientos con la mano.

–¿Nunca te vas a lavar esa mejilla, eh? –dijo su hermana en son de burla, dándole un codazo.

Arriba en el cielo comenzaron a brillar unas pocas de estrellas. Omar se fue a su cuarto a mirar por el telescopio y sintió que allá afuera, en el infinito, habitaban muchas de nuestras esperanzas terrenas. Y esa magia que no era magia, la que sintió la primera vez que observó la luna asomar por el telescopio, si tenía cuando menos mucho de mágico. Esa magia era descubrir, y más que descubrir era compartir. Y era algo al alcance de todos, algo que no requería de un telescopio carísimo, sino de una voluntad de saber, un hambre de conocer.

Y lo cierto es que, cuando menos por una semana hasta que su mamá prácticamente lo obligó a limpiarla, esa mejilla no conoció ni el agua ni el jabón.