martes, octubre 24, 2006

тоскливость

Voy, desmañanado en el microbús. La mañana no es tan gris, me digo, está bien. Aun duele algo muy adentro y pienso seriamente en lo del gancho para la ropa. Tengo la certeza que en cuanto logre arreglar mi laptop me sentiré mejor, no debo dejarme afectar por estas cosas. NO DEBO DEJARME AFECTAR POR NADA. Viviré a las afueras de Roma en un barril podrido, bronceándome a mediodía. No debo dejarme.

Ayer veo un programa sobre Einstein. Hace tiempo que no soporto los documentales de Discovery y Nacional Geographic, me caga la voz de los narradores y lo predecibles que son las producciones gringas con su mierda seudosensacionalista, además, me vuelvo muy sensible con estas cosas. El día que Beakman explico como funciona un refrigerador (“el frió no es nada que se pueda agregar, es la ausencia de calor” recuerdo sus terribles palabras) tuve pesadillas en la noche. La muerte, el viejo problema. Estoy harto de tener ataques de pánico cuando voy en el metro o cualquier cosa. Últimamente mi pánico es más por la certeza de que es imposible escapar a la destrucción que por la muerte misma. Se que parece lo mismo pero hay una diferencia. Cuando pienso en la muerte pienso en un accidente, en motivos simbólicos clásicos del género humano, ataúdes, calaveras. Nada que espante ya. Pero cuando pienso en escapar a la destrucción, la terrible, inevitable destrucción, mi mente vuela a millones de años luz para encontrar el mismo destino. Es desesperante, y se que soy un idiota por vivir pensando en eso.

Otra cosa que me molesta sobremanera. Cuando no estoy aterrado (esa es la palabra exacta, no es gratuita) por la muerte, de pronto me invade una gran indiferencia, rayana en la autodestrucción. Pareciera que no temo a la muerte fisica como a dejar de existir. El problema es que estoy convencido de que ambas cosas son la misma cosa: no hay esperanza para mi.

Últimamente me pasa acompañado, y eso es grave. Cuando estoy con alguien no suelen preocuparme estas cosas (bendita sea la gente). Pero ahora tengo pequeños e imperceptibles ataques de pánico que esquivo rápidamente. Sólo se notaria como se me acelera el corazón si alguien pudiera verme por dentro.

Veo un cartel pegado en una de las paradas del microbús. Son de esos carteles contestatarios que pegas con un engrudo y una brocha casi corriendo. “Si el dinero fuera mierda los pobres naceríamos sin culo para cagar”. Y no creo que sea gracioso, creo que está escrito así por que quien intentó reflejar su indignación no encontró mejores palabras. Es una verdad que se escupe encabronado.
Pero la gente ve palabras soezes y vuelve el rostro. Nos hacen el mismo efecto que los vagabundos esquizofrenicos que huelen a orines y miseria. El genero humano es horrible.

Mariana y yo analizamos un cuento de Chejov. Existe la pregunta sobre si el personaje principal es un Don Juan o no. Conociendo a Chejov la pregunta no admite una respuesta positiva, es algo que él no se permitiría. A fondo el personaje resulta ser precisamente todo lo contrario, digamos, incluso, deliberadamente.
Recién hace, dos meses tal vez, leía un libro de Stendhal donde analizaba esa figura arquetipica. Las crónicas italianas, recuerdo. Las leí febrilmente, digamos que en ese momento estaba a punto de un colapso nervioso. Me había enfermado del estomago, vivía entre toneladas de basura y lloraba agudamente todas las noches sumido en una especie de soledad estupida y desesperanzadora. Realmente estupida y por eso más horrible…Sabia exactamente lo que estaba sucediendo: por eso decidí cerrar los ojos. En fin, el ensayito introductorio a una de las crónicas estudia el carácter de la figura arquetipica, y no lo había reflexionado realmente hasta esta mañana. Ciertamente es un personaje trágico, pero nada más lejos de la verdadera tragedia. Es trágico con duelos, suicidios, adulterios y condenaciones al infierno, pero no al modo de Chejov: la tragedia de la cotidianidad, del tedio, de la melancolía que se prende de los personajes y no los suelta nunca, ni en sus arrebatos pasionales (pocos, por cierto). Porque es una melancolía nacida de la “condición” y no del “momento” o de la "predestinación personal" o de la "condición sobrenatural". Nace de estar vivo, no de la mierda romantica antes del desayuno.

Abordar el metro, el autobús, despertarse en la mañana, desayunar; todo eso puede ser un millón de veces más triste que el suicidio obsceno de Romeo y Julieta. O tal vez no, nunca sé que es lo que digo ni nadie deberia tomarme muy en serio. NADIE, sólo soy un imbecil desesperado.

Estoy en el centro de computo de la UAM esperando a que Brenda salga de su clase de narrativa para ir a comer algo por ahí. Me digo de nuevo en voz baja:

La mañana no es tan gris, me digo, está bien. Aun duele algo muy adentro y pienso seriamente en lo del gancho para la ropa. Tengo la certeza que en cuanto logre arreglar mi laptop me sentiré mejor, no debo dejarme afectar por estas cosas. NO DEBO DEJARME AFECTAR POR NADA. Viviré a las afueras de Roma en un barril podrido, bronceándome a mediodía. No debo dejarme.
Y comprendo, y sonrio, y sé:
La vida es buena.
Y nada queda entonces por hacer.
Morir un viernes, en primavera.

3 comentarios:

Ernesto dijo...

Ayer oí que la Sony está retirando sus laptop porque se recalienta mucho la pila y existe el riesgo de que la compu se incendie y no quieren una luvia de demandas por eso , ¿no es Sony tu laptop?

la sopa dijo...

MORIR UN VIERNES EN PRIMAVERA!!!
Y luego me dices que no hay nada qué temer.

Pero ahora es otoño, mi vida, y pronto vendrá el invierno. El caos será hermoso visto desde mi ventana, el Findelmundo estará alla afuera. Estaremos a salvo.

P0ko dijo...

Puedo ser parte de tu séquito???, al parecer tienes una secta por ahí que no conosco, o algo así.

pero bueno, no es por nada pero... =)