martes, agosto 21, 2007


Hoy cortaron la luz del departamento. Esta vez de plano fue por pendejos, el recibo se traspapeló por ahí y ya saben. Cómo siempre no hay mucho que postear. Hoy vino mi madre a la presentación del festival internacional Chihuahua, fue en el centro veracruzano (el invitado de este año son Veracruz y Canadá) y aproveché para tomarme unos toritos, que ni son la gran chingadera. También comí en el Mc Donalds de plaza universidad donde una vez vi a Carlos ponerse una lechuga en la cara después de estar chingando sobre que era el ser. Para colmo me habló Alexandra después de cómo mil años de no saber de ella. Así que hoy fue un día predominantemente veracruzano y es lo único que se me ocurre decir.

La escuela fue floja el día de hoy y sólo fui a recoger unas copias que me encargaron leer sobre no se que mierdas de no se que siglo de no se que pinches escritores. Leo una novela de Richard Ford y de vez en cuando sigo con la tarea autoimpuesta de terminar todo García Lorca, con sus lunas de azogue y sus besos de cuchillo. El otro día vi con Mariana el Séptimo Sello e hice un montón de consideraciones al respecto, no sobre la calidad de las suecas, que no están nada mal, sino sobre el diablo y la muerte. Hace tiempo habia imaginado algo muy similar (cuando sufría de ensoñaciones el año pasado, por estas fechas) donde la muerte era el diablo, el sinsentido. En el séptimo sello hay dos diablos, uno tradicional, medieval, que no aparece y otro es la muerte. Pero en fin, en realidad no quiero desarrollar eso, hoy ha sido un buen día a pesar de todo y quiero mantenerlo así. También pensaba en echarle mierda a Bergman ¿Por qué si hacia tan buenas películas lo terminó todo mandando al carajo con esas porquerías que todos conocemos? En fin, tengo dos litros de coca cola, cigarrillos cubanos, y mi hermano anda desaparecido así que puedo usar su laptop hasta reventar. Algún día postearè algo de verdad de nuevo. Hoy no, claro que no.

Dejo una parte de lo que estoy escribiendo, nomas pa ver còmo se ve

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Pronto comenzamos a aburrirnos de nuestra pequeña rutina. El padre de Rodolfo encontró quemaduras de cigarrillo en el asiento y decidió no prestarle el auto nunca más, cuando menos hasta que el muchacho consiguiera un trabajo para pagarse por si mismo la gasolina que consumía. La situación en mi casa seguía insoportable. Mi padre se volvió cada vez más intransigente con mi vegetarianismo que consideraba una manía pasajera y una de esas complicadas formas de resistencia pacifica que encontramos los adolescentes para desafiar la autoridad paternal. Mi madre decidió preparar pequeños platillos a escondidas, pero el presupuesto no alcanzaba.
–¿Pero si comes queso, verdad?– preguntó ella alguna vez, carcomida de angustia. Era algo que aun no me había planteado a mi mismo en eso entonces pero contesté que si. En aquel momento hubiera contestado que si a lo que fuera. Mis dos hermanos mayores habían comenzado a burlarse de mi, me llamaban “lechuga” y soltaban risitas convulsivas a la mesa, con la aprobación estruendosa de las carcajadas de mi padre y el reproche silencioso en la mirada de mamá que desfallecía de compasión por su hijito menor.

El empleo de verano que Rodolfo consiguió en un Burguer King le quitaba demasiado tiempo. Sus horarios eran rotativos y a veces tenía que cerrar el restaurante y se veía libre hasta la una de la madrugada.

Comencé a escaparme por mi cuenta, sin mucha conciencia de que iba a hacer. Daba vueltas una y otra vez al parque cercano a la casa fumando sin parar. Me agradaba la noche cálida y desierta de Chihuahua, los insectos que volaban alrededor de los postes de luz me seducían. Pero era aburrido a fin de cuentas. Después comencé a caminar en serio. Andaba en línea recta por la larga avenida Tecnológico hasta que dolían los pies o daba miedo la soledad nocturna y regresaba sobre mis pasos. Cada noche llegaba un poco más lejos.

Una noche vi ante mi las luces del Palacio de Gobierno. Había caminado unos siete kilómetros sin siquiera notarlo.

Después de eso todo fue más fácil. Me había deshecho de todo miedo en mi interior al contemplar aquel edificio. Al saber de lo que mis piernas eran capaces parecía que todo mi ser era capaz de cualquier cosa que me propusiera. Salía todas las noches e iba hasta el centro de la ciudad por el camino que había aprendido de memoria. Rondaba los bares como un perro extraviado y al amanecer tomaba el autobús de regreso. Aun recuerdo la sensación, apoyado a un poste de electricidad en la parada de camiones con la luz pálida que salía detrás de los edificios obligándome a entrecerrar los ojos; la luz azul y mortecina del amanecer. Me rodeaban hombres y mujeres que se levantaban rumbo a su trabajo en la maquiladora, muchos de ellos eran jóvenes sólo un poco mayores que yo. Todos olían a ropa limpia, crema y a cabellos con fijador. Yo olía a sudor de caminar toda la noche, con el rostro grasiento y el pelo apelmazado. Me sentaba en el asiento del fondo del autobús, con una extraña mezcla de vergüenza y autosatisfacción y dormitaba golpeando mi cabeza contra el cristal hasta llegar a casa.

Disponía de unas dos horas u hora y media para dormir, antes de que mi madre hiciera la llamada para el desayuno. Aunque yo y mis hermanos estábamos de vacaciones, el desayuno seguía teniendo una esencia ritual que debía cumplirse a diario. A mi padre le gustaba ver a su familia reunida antes de irse a trabajar.

Alguien en la casa debió haberlo sabido en algún momento. Bastaba ver mi letargo el resto del día, mis episodios de sueño frente al televisor. Alguien, mi madre o alguno de mis hermanos, debió haberme escuchado trepar por la ventana al amanecer, deshacerme de mis ropas y desfallecer exhausto sobre la cama. Alguien debió haber visto mi rostro demacrado y las ojeras que día con día iban creciendo hasta parecer hoyos negros en el rostro. Pero nadie dijo nada, nadie me delató a la suprema autoridad de mi padre, sabiendo que aquel, de enterarse, tal vez me hubiera molido a golpes.


3 comentarios:

Akira dijo...

Que tienes en contra de Veracruz eh?
.
.
.
.
.
Awww :(

Z o y r e. dijo...

pregunto lo mismo, que tienes en contra de nosotros. Y también prgunto qué estudias?

Amilcar dijo...

y cúando dije yo algo malo de los veracruzanos en genera en este post? Ni siquiera en particular, aunque eso si, el akira es puto :P

Estudio letras inglesas, ya ves.