martes, septiembre 04, 2007

Oh, Elliot, ay, Cernúda; O, poetas ustedes, artistas, artistas todos, artistas de mi alma: los dejaría sin pensar por este magnifico artesano. ¿Qué se puede hacer despues de esto? ¿Ven esa metáfora que se esconde? ¿No ven un pandero de cristal hiriendo la madrugada?

Romance Sonámbulo

Verde que te quiero verde.

Verde viento. Verdes ramas.
El barco sobre la mar
y el caballo en la montaña.

Con la sombra en la cintura
ella sueña en su baranda,
verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.

Verde que te quiero verde.
Bajo la luna gitana,
las cosas la están mirando
y ella no puede mirarlas.

*

Verde que te quiero verde.
Grandes estrellas de escarcha,
vienen con el pez de sombra
que abre el camino del alba.

La higuera frota su viento
con la lija de sus ramas,
y el monte, gato garduño,
eriza sus pitas agrias.

¿Pero quién vendrá? ¿Y por dónde?
Ella sigue en su baranda,
verde carne, pelo verde,
soñando en la mar amarga.

*

--Compadre, quiero cambiar
mi caballo por su casa,
mi montura por su espejo,
mi cuchillo por su manta.

Compadre, vengo sangrando,
desde los puertos de Cabra.
--Si yo pudiera, mocito,
este trato se cerraba.

Pero yo ya no soy yo,
ni mi casa es ya mi casa.
--Compadre, quiero morir,
decentemente en mi cama.

De acero, si puede ser,
con las sábanas de holanda.
¿No ves la herida que tengo
desde el pecho a la garganta?

--Trescientas rosas morenas
lleva tu pechera blanca.
Tu sangre rezuma y huele
alrededor de tu faja.

Pero yo ya no soy yo,
ni mi casa es ya mi casa.
--Dejadme subir al menos
hasta las altas barandas,

¡dejadme subir!, dejadme
hasta las verdes barandas.
Barandales de la luna
por donde retumba el agua.

*

Ya suben los dos compadres
hacia las altas barandas.
Dejando un rastro de sangre.
Dejando un rastro de lágrimas.

Temblaban en los tejados
farolillos de hojalata.
Mil panderos de cristal
herían la madrugada.

Verde que te quiero verde,
verde viento, verdes ramas.
Los dos compadres subieron.
El largo viento dejaba
en la boca un raro gusto
de hiel, de menta y de albahaca.

--¡Compadre! ¿Dónde está, dime?
¿Dónde está tu niña amarga?
--¡Cuántas veces te esperó!
¡Cuántas veces te esperara,
cara fresca, negro pelo,
en esta verde baranda!

*

Sobre el rostro del aljibe
se mecía la gitana.
Verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.

Un carámbano de luna
la sostiene sobre el agua.
La noche se puso íntima
como una pequeña plaza.

Guardias civiles borrachos
en la puerta golpeaban.
Verde que te quiero verde,
verde viento, verdes ramas.
El barco sobre la mar.
Y el caballo en la montaña.

4 comentarios:

Ernesto dijo...

Verde que te quiero verde...

me hiciste recordar cuando participaba en los concursos de declamación en la secundaria , ese poema lo declamó ... chale no me acuerdo de su nombre , pero yo declamé uno de Nicanor Parra:
considerad muchachos
este gabán de fraile mendicante...

Amilcar dijo...

Recuerdo cual dices:

Considerad, muchachos,
Este gabán de fraile mendicante:
Soy profesor en un liceo obscuro,
He perdido la voz haciendo clases.

Que el tuyo tenía más efecto, por cierto, pero ni lejanamente mejor. Y lo digo con toda conciencia objetiva ¿Ya leiste "Grandes estrellas de escarcha, vienen con el pez de sombra que abre el camino del alba"?

En el de Parra apenas hay imagenes, pero nunca aquella metafora lorquiana, sólo superada por Gongora, quíen por desgracia, se agota en la metafora. Ya el Lorca se quejaba de sus recitadores excesivamente sensules y entusiastas, "amantes que dejan llenos de babas". No puedo imaginar como lidiaba con el exito frustrante de su romancero, no puedo imaginarlo de testigo en esas lecturas declamatorias.

Yo le leia poemas de Darío a mi abuelo, con una voz moderada, atendiendo a la metrica y lo significante; el no pod{ia concebir la falta de dramatismo en mi lectura y en eso nunca estuvismo de acuerdo aunque yo tenía doce años y el noventa. Todav{ia tengo un par de amigos que recuerdan la forzadés de esa tesitura y esos ademanes.

No, definitivamente no imagino a Lorca en un trance de esos, ni siquiera a Nicanor Parra.

Ni siquiera a Guillermo Aguirre, con su madre y sus bohemios. En mis primarias se habia perdido entusiasmo por la poesía y la recitación; creo que eso fue a favor.

[Akira] dijo...

Nadie ha escuchado una que va asi?:

Cinco de mayo, de 1862, despunta el sol su celaje
tiñendo de oro y de grana
que forma de la mañana,
su bello manto de encaje.

Y alistando sus bagajes
están las huestes invasoras
mientras resuena la hora
del primer toque marcial...

Mi abuelo se la enseño a sus hijos, y a sus nietos todos, y nunca supimos de quien es, la googlié y no encuentro nada. Hemos pensado en adjudicársela a mi abuelo jeje :)

P0ko dijo...

=)

Verde que te quiero verde.

Te quiero.