sábado, septiembre 15, 2007

Un nuevo género


Los estudiantes de letras callan,.

Las letras son el silencio más fino,

el más tembloroso, el más insoportable.

Los estudiantes de letras buscan,

los estudiantes de letras son los que abandonan,

son los que cambian, los que olvidan.

Su corazón les dice que nunca han de encontrar,

no encuentran, buscan.

Los estudiantes de letras andan como locos

porque están solos, solos, solos,

entregándose, dándose a cada rato,

llorando porque no salvan a las letras.

Les preocupan las letras. Los estudiantes de letras

viven al día, no pueden hacer más, no saben.

Siempre se están yendo,

siempre, hacia alguna parte.

Esperan,

no esperan nada, pero esperan.

Saben que nunca han de encontrar.

Las letras son la prórroga perpetua,

siempre el paso siguiente, el otro, el otro.

Los estudiantes de letras son los insaciables,

los que siempre —¡qué bueno!— han de estar solos.

Los estudiantes de letras son la hidra del cuento.

Tienen serpientes en lugar de brazos.

Las venas del cuello se les hinchan

también como serpientes para asfixiarlos.

Los estudiantes de letras no pueden dormir

porque si se duermen se los comen los gusanos.

En la obscuridad abren los ojos

y les cae en ellos el espanto.

Encuentran alacranes bajo la sábana

y su cama flota como sobre un lago.

Los estudiantes de letras son locos, sólo locos,

sin Dios y sin diablo.

Los estudiantes de letras salen de sus cuevas

temblorosos, hambrientos,

a cazar fantasmas.

Se ríen de las gentes que lo saben todo,

de las que escriben a perpetuidad, verídicamente,

de las que creen en las letras como en una lámpara de inagotable aceite.

Los estudiantes de letras juegan a coger el agua,

a tatuar el humo, a no irse.

Juegan el largo, el triste juego de las letras.

Nadie ha de resignarse.

Dicen que nadie ha de resignarse.

Los estudiantes de letras se avergüenzan de toda conformación.

Vacíos, pero vacíos de una a otra costilla,

la muerte les fermenta detrás de los ojos,

y ellos caminan, lloran hasta la madrugada

en que trenes y gallos se despiden dolorosamente.

Les llega a veces un olor a tierra recién nacida,

a mujeres que duermen con la mano en el sexo, complacidas,

a arroyos de agua tierna y a cocinas.

Los estudiantes de letras se ponen a cantar entre labios

una canción no aprendida.

Y se van llorando, llorando

la hermosa vida.

5 comentarios:

Ernesto dijo...

Estoy seguro que Don Jaime estaría más que complacido con esta versión.

Carlos dijo...

ya la neta, de quien es el poema-molde que usaste?? se me hace bien pinche conocido...

Amilcar dijo...

Es "los enamorados" de Jaime Sabines. Otro clasico de esos. Un poema que no contiene una sola métafora, aunque parece que nadie se da cuenta.

Amilcar dijo...

digo, los amorosos. ques lo mesmo, vale madre

Claudia dijo...

jajaj ay no mames ajajjaa