martes, octubre 23, 2007

Martes 23 de octubre

Supongo que algo que no me gusta del D.F. es que el otoño no existe, pasa desapercibido con un par de hojas muertas de la mano, como un fantasma que no quiere dejarse ver. Todo es verde, grande y verde, hasta días como hoy, en el que cae una helada en la mañana que nos cala en los huesos. No hay caminos amarillos ni atardeceres melancólicos, en cambio se tiene un frió imprevisto y un par de pájaros congelados en el jardín del departamento de abajo. Pájaros congelados, como algunas palabras, como la poesía que no nos sale de la boca porque no tiene ya caso.
Me faltan versos para describir nada. Alguna vez escribí “¿de qué voy a hablar, si no creo en Dios ni estoy enamorado y todo lo demás me importa un carajo?”. Hay muchas objeciones que hacerle a la frase, empezando por el inmenso egoísmo a la que está supeditada; y supongamos que en estos caso no se aplica, así de simple. Pero aun así mi voz son pájaros congelados, avecillas muertas sorprendidas por el frió, tiesas en banquetas y cables de servicio publico, en postes de alumbrado. Cosas verdes y grises que patean los niños y olisquean los perros. Nada sublime.

Quisiera no ser este ser estéril que soy, esta agua oscura, incapaz de engendrar amor o vida por dentro. Pero en algún momento me encerré, lleno de miedo al dolor propio. En algún momento. Siento que estoy en una cajita de plomo donde no llegan radiaciones, fría y segura tan sólo hasta el envenenamiento que llegará tarde o temprano. Quisiera poder ofrecer respuestas a los que me aman, tender algo más que las manos y los labios con un consejo en medio que ni yo mismo me creo. Quisiera. Pero tengo y tendré miedo.
¿Soy un hombre deshecho? Soy un hombre débil, y esa respuesta podría servir a la pregunta.
No hay poesía por aquí, sólo muchísimo frió y un sol apagado. Ojalá me perdonen algún día los seres queridos. Ojalá se descongelen los vidrios de los autos antes de que el ciudadano x llegué a la oficina. Ojalá los que conozco traigan bufanda y vayan bien abrigados. Ojalá algún niño despreocupado y cósmico entierre a todos los pichones, con la gigantesca solemnidad de un juego.

6 comentarios:

pez dijo...

Pero yo tengo tu otoño, y te lo daré cuando te bese, nueva, siempre nuevamente... Y octubre y noviembre pasarán de prisa, como los pájaros que no murieron.
Pero tenemos más fuerza que frío y juntos somos más terribles que las primaveras de Chihuahua.
TE AMO

:Bautista dijo...

Supongo que es algo que todos los estudiantes de letras experimentamos en algún momento de la licenciatura. No sé qué decirte chaval, pero te entiendo.

Tranquilo Rawy.

Un saludo.

Ernesto dijo...

y que tal esos lugares donde no sólo se saltan el otoño sino también el invierno , como en Tabasco o Yucatán ¿eh?
Un señor que practica la décima espinela escribió algo así:

El poeta del lodo saca una estrella.

Daniel Terrones dijo...

Almicar supongo que no sirve de nada decir nada. Quiza menos que por aca acaba de entrar el otoño en toda su fuerza y que levanta el animo.

Amilcar dijo...

Que onda tocayo.
Porque si te llamas Amilcar...verdad, verdad?

pez dijo...

Hola amorhijodeputaquecensuraloscomentariosquedicenqueteamo,

Espero que ya te sientas pinchemejor!!!!

Y te mando un beso rayamadres.

Y ya no te voy a poner comentarios, no mande Dios que te vaya yo a hacer putasmoscas

y come caca.

Y si quieres ya no te digo que te amo

Y come caca.

Y te amo

Y come caca