miércoles, mayo 07, 2008

08 de mayo

No hay nada más melancólico que una central de autobuses. El dolor de la espalda, el mareo, el olor repulsivo y constante a diesel quemado y desinfectante. La tristeza siempre es física, se aloja en los cuerpos, el estomago, la nuca, en un lugar que no existe justo detrás de los ojos que se siente extraño cuando le pega la luz del sol. Es un malestar general.

Salgo de la central para fumar un cigarrillo. La mayoría de los locales están cerrados, la librería quebró hace mucho tiempo. Afuera un vagabundo ezquisofrenico boxea furiosamente con el aire. Me repito a mi mismo.

Si el paisaje está en mi ¿cómo lo describo? ¿por si mismo? ¿por mis sensaciones?. El sol amarillea la hierba en mil quinientos kilómetros a la redonda, pero el sol tambien cae en mi nunca, blanquea mis pensamientos, mi bienestar. El cemento gris, azul, verde, colores institucionales. Pero aumenta la lejanía en mi interior. Me repito a mi mismo.

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