domingo, septiembre 04, 2011



Paso lento, cada vez más lento y encorvado,

los rayos del sol te traspasaban al cruzar por la mirada,

como si tu cuerpo fuese tan leve

que ya no perteneciera a este mundo.


Silabario de San Miguel, regla, boina y librito,

oscuro rincón de la tarde donde te sentabas

a balbucear del tiempo su huracan de piedra.


Pan de dulce, café instantaneo,

la mano temblorosa labrada en sombras,

venas azulisimas y duras, cuerdas de cuero pintado.

La orografia de tu brazo, la cicatriz del agua hirviendo.


Al mirar tu brazo aprendia

que la piel del hombre es suave y permanente,

que pequeños rincones nombran a cada uno de sus amos

y las mujeres dejan heridas,

los hijos, el trabajo, el dinero,

hasta los granos de tierra

que cargamos en el bolsillo.

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