jueves, abril 14, 2016

Alguna vez hace unos años, aprovechando una dirección de correo electrónico que mantengo desde la adolescencia (el clásico azazel666@yahoo o algo así) intenté hacerme una cuenta falsa de Facebook con fines non sanctos. Después de llenar los primeros campos con nombre falso, fecha de nacimiento falsa y todo eso, Facebook me pedía tantas cosas que simplemente me asusté, o mejor dicho, me dio una hueva inmensa pensar en llenar todo eso y lo dejé a la mierda. ¿Se imaginan todo ese trabajo? Fotografías varias, comentarios, compartir estados, mandar invitaciones, aceptar invitaciones, tener intereses, gustos musicales, libros, tener odios, tener afectos…. Agh.
¿De dónde sacarán energía esos escritores que tienen seis o siete cuentas diferentes para promocionar sus propios libros? Para colmo, todo en Facebook es eterno, la necesidad de Zuckerberg de congelarnos a todos por los siglos es horrible. Así que aunque la cuenta falsa la cancelé prácticamente al día siguiente de crearla, todavía, tímidamente y de vez en cuando, alguna notificación llega suplicante a mi viejo correo electrónico.

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